EXPERIENCIA EN MOZAMBIQUE |
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Sor Lydia Hernández ha realizado una experiencia en Mozambique durante los meses de junio a septiembre de 2005. Mostramos la entrevista que le hicimos.
1. ¿Cómo te sentías días antes de tu embarque?
En primer lugar quiero decir que desde que yo era pequeña empecé a sentir la vocación misionera en tierras africanas. Llevaba muchos años deseando tener una experiencia misionera en África, y este verano pasado el Señor me concedió la oportunidad.
El viaje vino por sorpresa, pues yo tenía todo el verano planificado con distintas actividades, pero una de las hermanas misioneras, sor Catalina Pacha, se puso enferma, la tuvieron que operar, y en pocos días tuvimos que preparar el viaje.
Aunque tenía muchos deseos de ir, también afloraban en mí miedos...miedo al avión (hay que coger tres aviones hasta llegar al destino, Nampula), son dos días de viaje; miedo a los mosquitos transmisores de malaria, enfermedad endémica grave en esos países; miedo a lo desconocido, a no saber si sería fácil o no la comunicación, pues no había estudiado portugués... pero a la vez, envuelto con estos sentimientos, estaba llena de ilusión, de alegría porque se iba a realizar ese sueño que desde pequeña había tenido...de poder compartir mi vida y trabajo con gente necesitada y pobre, con africanos...
Todos estos miedos cesaron pocos días antes de partir, y al embarcar sólo permanecía mi deseo de llegar a Mozambique y vivir una nueva etapa de mi vida, estando abierta a las necesidades que fuera encontrando. Percibía la mano del Señor que me enviaba...ÉL me mostraría qué querría de mi en esas tierras.
2. ¿Cómo fue la acogida que recibiste?
Tuvimos una muy buena acogida en Mozambique...llegamos por la noche al aeropuerto de Nampula, ciudad donde tenemos una de las comunidades, y allí me esperaban las hermanas de las dos comunidades (de Nampula y de la Isla de Mozambique), y Helder, un chico portugués que cada verano pasa una temporada en Mozambique como voluntario.
Imaginaos la alegría del encuentro... los abrazos y saludos; casi no me creía que estaba allí, había sido tan largo el viaje, tantos kilómetros de distancia nos separaban...incluso, en Portugal surgió un inconveniente, el avión en el que íbamos a partir se averió, y no pudimos salir hasta el día siguiente...una odisea, pero por fín estaba pisando tierras africanas.
Al llegar a la comunidad de Nampula, unas chicas africanas que se están preparando para ser franciscanas de la Purísima nos recibieron a Sor Antonia y a mi con cantos y danzas.
3. ¿Hablar portugués ha sido fácil?
Uno de mis miedos, como dije al principio, fue en relación al idioma. Al presentarse el viaje tan de sorpresa no me dio tiempo a estudiar portugués, como me hubiera gustado, pero al estar allí vi que el idioma era muy parecido al español... hablando despacio me entendían, y los entendía. Al principio me costaba más entender, hasta que fui aprendiendo poco a poco el idioma, y conseguir hablar el “portuñol”, mezcla de español y portugués, pero que así me entendían.
Una de las cosas que me ayudó a aprender un poco el portugués fue rezar y leer cosas en portugués, al principio me costaba, pero después me acostumbré, y ya no hacía falta que fuera traduciendo en mi pensamiento del portugués al español.
4. ¿Y el dialecto local? ¿Cómo hiciste?
De los 3 meses que estuve en Mozambique uno de ellos viví en la comunidad que tenemos en la Ilha de Mozambique. Allí desempeñé una tarea sobre todo en al campo de la enfermería. Casi todos los días de la semana íbamos dos hermanas a atender diferentes poblados, y como el dialecto de allí es el Makua, y el portugués lo aprenden cuando van a la escuela, como hay mucha gente que no ha ido a la escuela, o que la ha abandonado pronto y no sabe portugués, pues tuve que aprender algunas preguntas en Makua para que me entendieran...pero claro, ese dialecto es
difícil, y no siempre lo pronunciaba bien...el caso es que entre mis intentos de que me entendieran, y sobre todo a través de gestos, nos entendíamos bastante bien. Y si no había forma de entendernos, siempre había alguna persona que dominaba Makua y portugués y hacía de traductor.
Me llamó la atención como Sor Antonia sabía bastantes palabras en Makua, y la gente se siente muy contenta de que le hables en su idioma...porque la verdad, así debía de ser, aunque fuera más costoso para nosotros, porque vamos a su país, y ellos para que les entendiéramos se esforzaban en hablar en portugués, lengua, como dije, que han aprendido en la escuela.
5. ¿Cuales fueron tus sentimientos al ver la pobreza de los mozambiqueños?
Es tan grande la diferencia entre nuestro país y el suyo, entre nuestras costumbres y formas de entender y vivir la vida, entre nuestro tener de
todo y su no tener de nada que me daba la impresión que estaba en otro planeta...¿cómo era posible tanta diferencia?, ¿cómo era posible tanto sufrimiento y pobreza?
Me sentía impotente ante tanta pobreza y saber que no se podía solucionar todo el problema; sentía vergüenza de proceder de un país en que sobran tantas cosas, en el que nos quejamos de vicio; de proceder de una sociedad primer mundista que va creciendo a base de pisar y explotar a estos países... y me decía: no hay derecho a que esta gente, con la misma dignidad que yo esté sufriendo tanto, y que nosotros desperdiciemos tanto, y tengamos tantas cosas superfluas, cuando ellos no tienen qué comer, y con qué vestirse, se conforman con lo puesto, que lo aprovechan hasta que el roto de la camisa o el pantalón es más grande que la prenda misma.
Me llamó mucho la atención que la mayoría de la gente, niños y adultos van descalzos; también sus chozas...hechas de barro, con una especie de paja para el tejado, sin ventanas; durmiendo en el suelo, o como mucho sobre una estera que es para una persona, pero en la que unas 10 personas por término medio, intentan pillar un trocito. No tienen para taparse, ni cocina, ni aseo... si tienen una cacerola le sirve para todo, para hacer la comida, para comer ahí mismo todos, para que coman los animales...vamos, una pena.
La gente normalmente no tiene trabajo fijo, hay pocos trabajos y mal remunerados. Un sueldo medio es de unos 45 euros, imagínense cómo se puede vivir al día con un euro y medio, y esto las personas que tienen trabajo fijo, que son las menos. Sobreviven mal viviendo, pero la sociedad está de tal manera que por ellos mismos no pueden salir de esa situación. Por eso un rayo de esperanza aparece cuando se ven los frutos de ONGs y de Congregaciones Religiosas que apuestan por los más pobres y les ayudan a salir de esta injusta situación.
6. ¿Cómo es el trabajo que las Franciscanas de la Purísima que viven allí?
Me he llevado una gran alegría al ver todo el trabajo que desempeñan nuestras hermanas misioneras. Son pocas en número, pero desarrollan una intensa labor con mucha entrega, amor y dedicación. Cientos de personas se están beneficiando de los proyectos que llevan a cabo, entre ellos, los apadrinamientos, ayudas ante necesidades urgentes, reparto de medicamentos, talleres de bordado, corte y confección, acogida a chicas en dos hogares para facilitarle los estudios y educación, comedor para niños/as de la calle, atención de enfermería en distintos poblados, construcción de viviendas, construcción de escuelitas y pozos...
Mi aportación ha sido sobre todo en el campo de la enfermería y la formación de chicas.
7. Supimos que tú has participado en las campañas de vacunación ¿cómo fue esta experiencia?
Las campañas de vacunación organizadas por la república de Mozambique, con colaboración de Manos Unidas y de la Organización
Mundial de la Salud fueron una experiencia fuerte para mí. En una semana vacuné a más personas que en toda mi vida.
En nuestro equipo íbamos dos hermanas enfermeras, y personal nativo. Entre las dos vacunamos el primer día a 1454 niños...10 horas seguidas de trabajo, con la gente que se agolpa, que te estruja, bajo la sombra de un árbol...creía que iba a desfallecer, pero aguanté el tirón, aunque con dificultad; así que el día siguiente, que vacunamos unos 1000 niños, se hizo más liviano...y así, durante toda la semana, yendo por lugares de difícil acceso para un coche, donde una no se imagina que puede haber personas...más, por lejos que fuéramos, siempre había gente, y cientos de niños que parecía que salían de debajo de las piedras...
Los árboles eran nuestros compañeros de trabajo, el “centro de salud”, menuda experiencia, con falta de medios, y con tantas necesidades que atender... fue un gran regalo para mí vivir esta experiencia.
8. Cuéntanos algo sobre el programa de apadrinamientos
El programa de apadrinamientos funciona muy bien; las hermanas responsables del mismo buscan los casos más urgentes, visitan a las familias, llevan el control de la distribución de los alimentos, de los
materiales para reconstrucción de las payotas, de la ropa, y del dinero, que puedo decir que llega en su totalidad a los destinatarios.
Como la moneda del país está muy devaluada, los euros allí dan mucho de sí. Allí, por ejemplo, con 300 euros se puede construir una payota, vivienda de adobe sencillica, pero digna; estando yo allí construimos una payota para una mujer viuda con varios hijos con el dinero que me había dado un benefactor...necesidades no faltan, pero poco a poco, con la aportación de cada uno, se va haciendo mucho.
Me dio mucha alegría participar en un encuentro de apadrinados, cómo se ve crecer con salud a los niños, cómo van saliendo de su situación de extrema pobreza gracias a la generosidad de personas que se deciden a compartir algo de sus bienes para que otros puedan satisfacer sus necesidades primarias.
9. Cuentanos algo sobre los mejores momentos de tu experiencia en misiones.
Los mejores momentos para mí han sido en los que he podido estar cercana a la gente, escucharla, mostrarle mi afecto, aprender de ellos, y compartir con ellos lo que soy, tengo y la labor que podía desempeñar.
10. ¿Te gustaría contarnos algo más?
Yo no me podía imaginar que la pobreza fuera tanta...si no se ve no se cree que sea así; creo que a todos nosotros nos vendría bien tener una experiencia misionera, al volver a nuestro país ya no seríamos los mismos...cambiaría nuestra forma de entender la vida, de pensar, de vivir; te hace ver las cosas y a las personas de forma distinta; en nuestros países hay mucho consumismo, individualismo, ansia de poder, de riqueza, de placer...cuando pasas una temporada en que careces de cosas que estabas acostumbrada a usar, y en el que ves que la gente carece de todo, se aprende a valorar lo que se tiene, entran deseos de compartir, de vivir con más austeridad para que otros puedan sobrevivir. Este mundo está muy mal repartido, y habiendo medios para todos, sólo unos pocos los disfrutamos. No podemos solucionar el tema de la pobreza, pero con nuestra actitud, y nuestra forma de vida podemos colaborar a que la pobreza aumente, o disminuya. Yo apuesto por lo segundo, aunque para eso tengamos que apretarnos el cinturón. Más vale ayudar a una persona que pasarse toda la vida quejándose de lo mal que está el mundo.
La pobreza, el sufrimiento continuo de estas gentes, el hambre y la sed,
las enfermedades, hacen que muchos rostros no conozcan la sonrisa. El corazón se encoge cuando saludas con una sonrisa a un niño, o te acercas a él, y éste ni siquiera sabe o puede sonreír...
Generalmente si te acercas a la gente, los escuchas, les prestas atención, los tratas como lo que son, personas humanas igual que nosotros, y les prestas ayuda, pues se sienten felices...es una gozada ver como cambian las caras de los niños desnutridos después de comer, o de las familias que van saliendo adelante gracias a los apadrinamientos, o de las personas que asisten a talleres para poder ganarse la vida. Es mucho lo que podemos hacer si compartimos lo que somos y tenemos con estas personas.
Os animo, queridos amigos, a que colaboréis a que este mundo nuestro sea un poco mejor...vuestra ayuda es primordial; ojalá que pudierais ver, como yo lo vi, el bien que se puede hacer con nuestra generosidad y solidaridad.