M. PAULA, EVANGELIO HECHO VIDA

El día 18 de enero las Hermanas Franciscanas de la Purísima celebramos a nuestra Fundadora, Paula Gil Cano, mujer almeriense del siglo XIX, que impulsada y animada por el Espíritu, comenzó su misión en tierras murcianas, a causa de la riada que aconteció en 1789, y que dejó asolada la ciudad de Murcia, y con numerosos damnificados.

M. Paula nos dejó su lema: CARIDAD, que transmitió más que con palabras, con su vida y entrega generosa y constante a los más desfavorecidos de su tiempo, viviendo el Evangelio como verdadera hija de San Francisco.

M. Paula, al profesar la regla de la Tercera Orden Regular de San Francisco, asumió como norma de vida el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. En él se le reveló a Jesús acariciando a los niños, acogiendo a los pobres, curando toda dolencia y sembrando la paz y el bien franciscanos.

Tras las huellas del Seráfico Padre, Madre Paula hizo del evangelio su programa de vida, siguiendo con fidelidad a Cristo pobre, obediente y casto, por medio de la vivencia de la Regla y Constituciones aprobadas por el Papa León XIII y dando testimonio gozoso de vida fraterna.

Vivió el evangelio de la caridad para con los pequeños y pobres:
“Cuanto hicisteis a uno de estos mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis”; el evangelio de la ternura para con las niñas huérfanas, en el “dejad que los niños se acerquen a mí”; el evangelio de la entrega al servicio de los enfermos y de los ancianos abandonados hasta poder decir: “Los pobres son mis delicias”.

Madre Paula vivió el evangelio de la disponibilidad en acudir en ayuda de los afectados por las inundaciones y el evangelio de la solidaridad y del consuelo haciéndose presente allí donde había una necesidad que socorrer o una lágrima que enjugar.

Vivió el evangelio de la unión con Dios por medio de la oración y de la alabanza al Padre, sabiendo que “el sarmiento unido a la vid dará mucho fruto”. Y el evangelio del amor filial a María Inmaculada imitándola en su vida de entrega al Señor.

Madre Paula vivió el evangelio del sufrimiento y del dolor porque “quien no toma su cruz y me sigue no puede ser discípulo mío”; el evangelio del perdón derramado en quienes le hicieron sufrir y el evangelio del amor a todos, dando testimonio de vida fraterna, sencilla, alegre.

Como Madre Paula, nosotras Franciscanas de la Purísima, asumimos como norma de vida el Santo Evangelio siguiendo las huellas de Nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, en pobreza y en castidad, a ejemplo de San Francisco.

Sor Laura García Ramos
HH.FF.P.C.