NO HAY AMOR MÁS GRANDE QUE EL TUYO |
|
En este mes celebramos la semana santa, el triduo pascual... los días más importantes del año litúrgico, pues celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús, el amor llevado al extremo, el amor sin medidas, sin límites, el amor más grande.
Toda la vida de Jesús fue una donación constante, una entrega total a la voluntad del Padre, un desvivirse por los hermanos, a los que amaba entrañablemente, y por los que se multiplicaba en gestos de ternura, amor y misericordia.
Dios-Amor se hizo carne en Jesucristo, y ese amor fue derramándose por doquier hasta que no quedó nada sin entregar. Dios no nos da cosas, sino que se da a sí mismo, totalmente, a nosotros, pobres criaturas que no merecemos nada, pero que para Dios somos valiosos, preciosos, importantes.
Me pregunto por qué la maldad del ser humano puede llegar a querer destruir al AMOR...a DIOS. ¿No es de necios responder con maldad ante quien te trata con bondad y amor?
Jesús, el hombre-Dios que pasó por la vida haciendo el bien, muere a manos de sus hermanos por envidia, odio, incomprensiones y egoísmo.
Pero donde abundó el pecado más desbordante fue la gracia...
Donde el ser humano puso odio, Dios puso AMOR, donde puso egoísmo, Dios puso su entrega sin medida, donde puso rencor, Dios regaló su perdón, donde el ser humano puso muerte, Él hizo brotar la vida...y oh, prodigio de Amor y misericordia...Jesús resucitó, y en ÉL seremos resucitados todos.
No hay amor más grande que el tuyo, Señor.
Nadie nos ama cómo Tú.
Nada ni nadie nos pueden separar de tu amor.
Deja que tu corazón se llene de alegría y felicidad al descubrir el abrazo tierno y cariñoso de Dios...tal vez no sepamos descubrirlo, pero Él está ahí, a nuestro lado, con un amor que supera nuestra percepción. A veces ante las situaciones difíciles e injustas de la vida no sabemos reconocer ese amor que nunca falla...también en esas circunstancias estamos en las manos de Dios, como Jesús cuando estaba en la cruz, aunque no sentía al Padre, Él estaba sosteniendo a su Hijo con su amor inagotable.
Que el AMOR de Dios que de forma especial se nos muestra en estos días de semana santa, nos inunde internamente, transforme nuestra vida y nos haga transparentes como el cristal, y así como la luz pasa sin dificultad por un cristal, el amor de Dios que nos habita pase a través nuestra a los demás.
¡Seamos destellos del amor de Dios, seamos testigos de la resurrección!.
Feliz Pascua de resurrección a todos.
Lydia de la Trinidad
Hna. Franciscana de la Purísima