PROFESIÓN PERPETUA DE EVA MARISOL HERNÁNDEZ FLORES |
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Lo que inició con una inquietud vocacional, en el Colegio “San Francisco de Asís” de Metapán (El Salvador), el día 14 de Enero de 1995, día en que inicie el aspirantado en mi Congregación de Franciscana de la Purísima Concepción, se ha convertido para mí un estilo de vida, al cual me he consagrado de forma definitiva el día 14 de Septiembre de 2008, ya que este día sellaba mi compromiso con el Señor a través de la profesión perpetua. En la oración litúrgica de Vísperas, el día 13 de Septiembre, en privado, en comunidad hacía mi consagración a nuestra Madre Purísima. En esta celebración estuvieron presentes, además de las Hermanas de la Casa Madre, Sor María del Pilar Salaverrri Cabanela (Superiora general), Sor Mirian Vargas López (Secretaria general), Sor Mirian Luz Rodríguez Alvarenga, Sor Dolores Posada López (maestra de junioras), Sor Laura García Ramos (maestra de novicias) y las novicias de primer año. Doy gracias a Dios por permitirme que llegara a este momento y le pido que siempre lleve con dignidad este compromiso, por el cual opté libremente. La celebración solemne de la profesión, tuvo lugar en la “Casa Madre Paula”, en la que estuvieron presentes Hermanas de diferentes comunidades. Me acompañaron en lugar preferencial: las Superioras General: Sor María del Pilar Salaverri Cabanela y Provincial: Sor Concepción Serrano Belluga. Presidió la Eucaristía el P. Francisco Martínez Fresneda, acompañado por Pedro Riquelme Oliva, Ángel Martínez Martínez y Antonio Cobos, todos de la fraternidad franciscana de la Merced. De la celebración puedo destacar tres momentos importantes en los cuales no pude evitar que salieran las lagrimas de mis ojos. El momento en el que pronuncié la formula de la profesión, en el canto de las letanías y cuando recibí de manos de mi Superiora general el anillo, que simboliza la alianza definitiva con el Señor. Soy feliz, no lo puedo negar, siempre había esperado este momento, en el cual he sellado un compromiso de amor con el Señor. Agradezco de todo corazón a las hermanas que me acompañaron en este momento y por todas las que me tuvieron presente en sus oraciones, pero de una manera en especial a mis hermanas de la comunidad de la “Casa Madre Paula”, por todo lo que realizaron para que esta celebración se viviera en espíritu fraterno y también a las hermanas que me han acompañado a través de mi proceso de formación. Siempre he luchado y lo seguiré haciendo, con la ayuda de Madre Paula, a quien encomiendo cada día mi vocación, para llevar adelante la misión a la que Dios me ha llamado desde esta Congregación de la que formo parte y que tiene por misión la ayuda desinteresada a los más desfavorecidos de este mundo. Desde aquí, hago una llamada a las jóvenes que no saben que hacer con su vida y les digo: “La mies es mucha y los obreros pocos”. No hay mayor felicidad que entregar la vida haciendo felices a los demás. Por mi parte, deseo ser fiel al compromiso con mi Señor y llevarlo con mucha dignidad hasta el final. Sor Eva Marisol Hernández Flores.
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