MI TIEMPO
 


Hace pocos meses que comenzamos el nuevo año 2006... un nuevo tiempo que se nos presenta; una nueva oportunidad para amar...

Mi tiempo, tu tiempo, nuestro tiempo...qué valioso es...
Y es mi tiempo, porque es mío, porque yo me organizo y lo empleo en lo que creo conveniente, en lo que me parece que vale la pena, en lo que quiero, en lo que me gusta...es mi tiempo.

Sí, mi tiempo, para lo que me apetezca, puedo hacer con él lo que me plazca...¿no soy libre?...pues eso, con mi tiempo hago lo que quiero, o lo que me da la gana (dirán algunos)...

Ya, ya, pero ¿seguro que tu tiempo es tuyo?
Vamos, lo decía porque si queremos vivir como cristianos, entonces nuestra vida ya no es nuestra, sino de Dios, y nuestro tiempo ya no es nuestro, sino de Dios...y si de verdad es de Dios, entonces no es nuestro “nuestro” tiempo, ni “nuestra” vida, sino que es de nuestros hermanos/as...y en beneficio de ellos, y a su servicio, han de ser gastados tiempo y vida.

¡Anda!, entonces cambia la cosa...vaya que si cambia...
Pues sí, porque si quiero vivir como cristiano, como persona enamorada de Dios, entonces no buscaré mis intereses, mis caprichos, la superficialidad, la comodidad, lo fácil, mi egoísmo...buscaré otras cosas, buscaré a Dios...y lo que Dios busca...

Pero, ¿es que Dios busca algo, o al alguien?...

pues mira a ver...asómate al Evangelio...y también a tu vida, a ver si descubres a Dios “sentadito, sin hacer nada”, comodito en su sillón, disfrutando Él sólo de su felicidad...( y si ves esto, hermano/a, plantéate en qué Dios crees, en uno hecho a tu imagen, o en el que nos revela Jesús).

Vamos, atrévete a echar una ojeada...¿no le ves volcándose lleno de amor y ternura en cada hermano y hermana?...sí, fíjate cómo se acerca con mucha compasión y cariño a la oveja perdida, y la carga en sus hombros; y no le echa en cara que se haya apartado de Él...simplemente la coge y la ama tiernamente...

¿Le ves respetando pacientemente la libertad del “hijo pródigo”, que ha rechazado a su padre, pero que no sabe lo que hace, y que vuelve a él sólo por interés, porque tenía hambre...? pero el padre lleno de alegría se tira al cuello y lo llena de besos, le pone el anillo, sandalias a los pies, y le prepara una gran fiesta...(uf, que distinto a lo que hubiéramos hecho nosotros...menudo castigo le hubiéramos puesto a ese hijo desagradecido, o menudo regaño...)

Te invito a que veas al Señor que se compadece de la multitud hambrienta, y le da pan...(es verdad que “no sólo de pan vive el hombre”, pero también necesita el pan de cada día...); y que siente compasión también de la gente, que se encuentra sin pastor, y le anuncia la Buena Noticia...

Mira también, o contempla al Señor acercándose a los enfermos y curándolos física y/o espiritualmente...y a los pecadores, de los que no se escandalizaba, y siempre perdonaba...

Date cuenta de que pone por encima de la ley, del sábado a la persona...que es más importante el Amor que el cumplimiento de unas normas...(pero el amor verdadero, que a veces llamamos a cualquier cosa amor).

Y mira también, amigo/a, que el Señor no se queda sólo en la acción, en la entrega a los demás...dedica tiempo y espacio al diálogo amoroso con el Padre...a la oración; y busca momentos de intimidad en la soledad, y también ora en comunidad, en grupo, en la sinagoga, en el templo...

Le vemos también valiente y libre, saliendo al paso de las encerronas que le preparaban algunos personajes, como fariseos, doctores de la ley...pero no lograban “pillarle”, les dejaba con “la boca abierta”...

Lo descubrimos mirando con cariño al joven rico, o mirando a Pedro después de haberle negado..., acogiendo al indefenso y sin derechos en su tiempo, el niño/o, los niños...a la marginada, machacada y tratada con desigualdad y machismo..., la mujer...

Lo observamos y descubrimos cómo entrega su vida por ser fiel al AMOR, como resiste las tentaciones, como aunque no quisiera beber el cáliz, busca ante todo la voluntad del Padre, y no la suya...

Lo encontramos hecho entrega durante toda su vida, y en la eucaristía, y en la cruz...y después, resucitado...¿sigo descubriéndole?...porque está en mi vida, y en tu vida...sólo hace falta que abramos un poco nuestros ojos...y si no vemos, si no le vemos, digámosle al Señor como el ciego... “Señor, que vea”...; Señor, que te vea...

Y así podré descubrir a Dios en mi vida, siendo, viviendo, actuando, amando, perdonando, acogiendo, escuchando, hablando, sirviendo, dándose por entero...
palabras que no pueden captar, ni definir la realidad de Dios, pues ÉL es siempre más, y todo lo que digamos de Él se queda muy pequeño, y nos equivocamos...y siempre es mucho más, pero nos atrevemos a decir algo, aunque conscientes que a veces acertamos más callando.

Bueno, pues así empleaba Jesús su tiempo...¿cómo lo empleo yo?

LYDIA DE LA TRINIDAD HERNÁNDEZ MORO
FRANCISCANA DE LA PURÍSIMA